Domingo, 21:00. El mapa.
Dirijo un equipo de ocho personas y aquella semana venía cargada. Quería pedir un ascenso. Mis suegros llegaban el jueves. Y mi mujer, Laura, llevaba semanas ocupándose de la casa mientras yo corría detrás de las entregas. Lo sabía. Aquel domingo sentí el miedo de siempre: algo se me va a escapar y ni siquiera sé qué.
Abrí mi Perspectiva de 7 días. El martes destacaba como mi mejor día para causar impacto en el trabajo. El jueves, mis puntos fuertes serían la paciencia y la cercanía en casa. El viernes era un buen día para mostrar agradecimiento. Por primera vez en semanas, la semana tenía forma. Cerré el portátil y, de verdad, dormí.




